El roble como protagonista. Chêne Éternel está construido alrededor de una madera muy poco utilizada en perfumería: el roble. La intención fue convertirlo en el estandarte de una nueva interpretación de los perfumes maderosos: profunda, contemporánea y con carácter.
Un bosque construido con muchas maderas. El roble se rodea de patchouli de Indonesia, cipriol de India y distintas variedades de cedro. Cada madera aporta una textura diferente: especiada, pimentada, resinosa, aromática o cercana al cuero.
El musgo que vive sobre el árbol. El musgo de roble aporta una nota vegetal, profunda y persistente. No habla solamente de la madera del árbol, sino también de aquello que crece sobre ella y forma parte de su paisaje.
Una barrica que alguna vez contuvo licor. La malta tostada introduce una faceta licorosa, ligeramente efervescente y chispeante. La madera deja de sentirse únicamente como árbol y comienza a recordar una barrica impregnada por aquello que alguna vez guardó.
Incienso quemado para construir el humo. Distintos inciensos de Somalia, entre ellos un incienso pirogenado —quemado para desarrollar su faceta ahumada—, construyen una sensación de resina, humo y profundidad alrededor de las maderas.
Madera + cuero + humo. El cedro Atlas, el patchouli, el café Arábica y las resinas profundizan las facetas tostadas, animales y de cuero. La bergamota y el corazón de mandarina italiana aportan frescura y luz al inicio antes de revelar la profundidad del roble.